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jueves, 4 de diciembre de 2014

A BELÉN, PASTORES

Todo un clásico, pero es verdad: la navidad nos alcanza como un gran meteorito que atraviesa infinidad de capas interestelares sin descomponerse y… A Belén Pastores, a Belén chiquillos, que ha nacido el rey de los angelitos… Aunque seas buzo y andes en las profundidades del océano; fijo que allí también hay alguien tocando la zambomba. Da igual que no creas en Dios; sirve lo mismo un amigo invisible, o la excusa de la ilusión que generan Papa Noel y los Reyes Magos en los niños, o que valgan estas fechas como motivo para reunir a toda la familia, en torno a una mesa y a un plato de langostinos.

Inmediatamente después las rebajas, el día de los enamorados, los carnavales, la semana santa, la feria del pueblo, el mes de vacaciones, halloween y el viernes negro. ¿Qué más da que algunas de esas tradiciones vengan de fuera? ¡El kétchup, las hamburguesas y los recortes en sanidad y educación vienen de fuera! Y nosotros también exportamos cosas: en todo el mundo se bailó y cantó la Macarena. Además, el partido ya lo damos por perdido. Por ejemplo, mientras que en Inglaterra y Alemania endurecen las leyes de inmigración y nos obligan a los españolitos a aparecer por allí con un contrato previo de trabajo o a conseguirlo en un corto periodo de tiempo, nosotros les vendemos a precios de ganga los pisos que quedan vacíos en la costa mediterránea. ¿Qué pasa? Siempre nos saldrá más barato cocinar aquí la paella que hacerlo en Berlín o en Londres. Y al tiempo disponemos de la oportunidad de mostrarles lo vistoso que queda un portal de Belén con tres majestades montados en camellos. 

¿Qué la industria del turismo sólo genera empleo mal remunerado y estacional? Para contrarrestar eso se han inventado las carreras universitarias y el aforismo de la ministra Báñez (“La salida de jóvenes en España se llama movilidad exterior”). Y puede que incluso con el paso del tiempo logremos que esos jóvenes que se marchan al extranjero se establezcan realmente allí y algún día vengan a visitarnos en calidad de turistas. ¿No os dais cuentan? Nuestro gobierno piensa a largo plazo. No da puntada sin hilo.     

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 4 de diciembre del 2014)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Nuestras vidas

Acá en la montaña hay dos ríos que se atraviesan más o menos así: +. El agua de uno, del que baja (I), es azulosa; el del otro, el transversal (-), blanquecina; es decir, casi transparente, y en él las piedras tienen color de piedras, lo mismo que les ocurre al musgo y al ramaje, que tienen color de musgo y de ramaje. Luego, tras un par de kilómetros, los dos ríos que se atraviesan acá en la montaña alcanzan un río más grande; lo hacen más o menos así: =, en la misma ribera, separados por apenas un par de palmos. Y el resultado del agua mezclada unos metros más allá de dónde se funden con el río grande es… No, no es de un azul más claro, y el tono blanquecino se pierde. El resultado es nefasto: entre un verde esmeralda y un azul turquesa; un color lindo, penetrante, mágico; pero que nada tiene que ver con las contribuciones aportadas al río grande por los ríos I y -. Su perseverancia por caminar separados no les vale para perdurar; la fuerza con la que llegan, comparada con la corriente que arrastra el río mayor, esfuma la idiosincrasia de uno y otro, y pasan a ser agua, más agua.
Supongamos que tú eres el río I y yo el río -, y que nos cruzamos cada mañana por la calle Sagasta así: +. Tú de azul, con ese vestido corto y bombacho con el que siempre te descubro tan guapa; y yo con la americana de los lunes, miércoles y viernes, que sé que te gusta (tú misma la elegiste por mí). Un beso en la mejilla y un adiós o un leve “hasta luego”, si cualquiera de los dos lleva prisa, comprimen ese exiguo nexo de unión. Y supongamos que tras diez o quince minutos nos volvemos a reencontrar en una oficina; una oficina en la que Eladio es tu jefe y el mío; un jefe que en ocasiones nos ningunea, que nos arenga y nos obliga a competir. Y que, sin embargo, no nos arrebata las ganas de acudir al trabajo.
Tú te escapas cada día unos minutos antes por lo de tu nena. Dices “hasta mañana” casi sin mirarme, en un movimiento mecánico, mientras te abrochas el abrigo y agarras el bolso. “Ya llego tarde”, eso dices también. Yo salgo a las dos en punto. Raro es que tu senda y la mía no se trencen de nuevo a la altura de la farmacia de la calle Isaac Peral a las 14:15. Bonito momento: los naranjos cargados de naranjas o de flores de azahar, el alboroto de los niños, el sol amable, las mesas y las sillas de aquel café, tu vestido azul. Le pides a tu nena que me salude. Me sonríes. Por fin me miras a los ojos, y surge un instante en el que el mundo que nos precede desaparece, mientras estamos así: el uno frente al otro, a apenas un par de palmos. Te propongo tomar algo. Malditas clases de baile los lunes y miércoles; malditas clases de inglés los martes y jueves; y maldito viernes, en el que tu nena no me llama por mi nombre de pila y acaso levanta la mano; su papá me cuenta que andas haciendo las maletas y que os largáis a alguna parte en dónde hay un río que lleva un agua con un color mágico, entre esmeralda y turquesa. 
Nuestras vidas son dos ríos que van a parar al mar.

  

viernes, 14 de noviembre de 2014

La última



Dramatización a cargo de Bienve Herreros y Eva Villares de un extracto de La última, uno de los relatos que componen Caminos que conducen a esto.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Colecciono moscas

Tengo una lata de conserva llena de agua y dentro dos peces que se alimentan de los mosquitos y de las moscas que se acercan a beber o a olfatear (en realidad, no sé a qué se acercan). Y tengo una vieja canción de amor que canto sólo con el bordón de la guitarra. Pero no tengo amor. Y a veces me puede la desesperanza y golpeo con el pie la lata, hasta que logro que se voltee y que se derrame el agua. Entonces, fuera de sí, asido al padecimiento de sus últimos coletazos, veo a los peces asfixiarse en el suelo y como son devorados por las moscas y los mosquitos.
La lata siempre es la misma. Y los peces que repongo al día siguiente de poderme la desesperación adoptan los mismos nombres que los muertos —el tuyo y el mío—. Y estoy seguro de que algunas de las moscas y de los mosquitos que se acercan a beber o a olfatear han aprendido a sortear los ataques de los peces y vienen alimentándose de ellos desde la noche que te fuiste y abrí la lata para cenar algo.
¿Te das cuenta? Esos insectos guardan en sus pequeñas panzas el futuro que tú rompiste. Y ello me impide usar insecticida; porque me da pena y porque, probablemente, estaré aquejado de cualquier mal en la cabeza. Vete tú a saber cuál. A mí poco me importa.

¿Y sabes lo mejor? Las moscas y los mosquitos que se salvan del ataque de los peces y que luego, cuando me puede la desesperanza, dan buena cuenta de ellos, se aparean, y su número crece sin cesar. Y la única manera que hallo de contrarrestar su invasión es tragándomelos. De modo que mi gran panza también está llena de los días y las noches que tú rompiste. Por eso, aunque haya pasado mucho tiempo, está todo muy vivo. Y puedo demostrártelo; basta con que alguna vez aceptes mi invitación a cenar y me permitas vomitar en tu plato. 

jueves, 6 de noviembre de 2014

A PROPÓSITO DE LA DEMOCRACIA

Hemos creído que la democracia es otra forma de divinidad; un ser etéreo, autosuficiente, perfecto, que no falla y que nos llegó por obra de un milagro. Y hemos creído que dentro de la clase política que maneja los hilos de esta diosa llamada democracia, hay algunos Judas; y en un acto de fe sin parangón, hemos creído que basta con sustituir a esos Judas, cuando son cazados con las manos en la masa, traicionándonos, sin variar un ápice las formas y maneras de nuestra diosa democracia, dejando que toda la solución radique en la esperanza de que el nuevo político que viene a ocupar el lugar del político corrupto se comporte de manera más honrada. ¿Os imagináis a Dios actuando de la misma manera, cambiando de Eva cada vez que la tentación la hubiera conducido a probar el fruto del manzano prohibido? En apenas unos días Adán se habría quedado sin costillas, Dios sin paciencia y el árbol sin manzanas. Y, probablemente, si nos decidiéramos a buscar al culpable, éste no sería otro más que Dios, porque, conociendo el paño, era responsabilidad suya comprobar que entre las ramas no hubiera enredada ninguna serpiente.


Tenemos políticos que llevan toda la vida ejerciendo como tales, acoplándose a la perfección a los diferentes aparatos que, cada cierto tiempo, vienen a remodelar el partido al que pertenecen. ¿Esto es factible, lógico, o sólo quiere decir que mientras le presten un sillón asienten a cuánto les digan? Y tenemos un sistema democrático que cede todo el poder al gobierno, a los políticos; que son los encargados, por ejemplo, de elegir a los componentes de la más alta instancia judicial, a los únicos jueces que pueden juzgarles a ellos. A cambio nos otorgan la propiedad de votarles cada cuatro años, según el conjunto de políticas que proponen; pero siempre sin desprenderse del saco del dinero, sujetando fuerte la manija de los presupuestos, con escasos árbitros y sin más fe que nuestro propio convencimiento de que ellos no son como Eva y Adán ni, mucho menos, demonios disfrazados de corderos. 

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 6/11/14)

jueves, 30 de octubre de 2014

Los crímenes que no cometimos

Un día moriré pronto y se te hará tarde para decirme “te quiero”. Puede que ocurra en este mismo extremo de la mesa, mientras cenamos el uno frente al otro: un leve mareo, me ensimismo para tratar de escapar del vaivén, entro en un trance superior, me despego extrañamente del sitio y desaparezco, con la cabeza sobre el plato, sin más. Entonces tú sueltas los cubiertos, arrastras la mitad del mantel sin saber cómo, vienes a mí y me preguntas qué me pasa, y me dices que vuelva en sí, que me quieres. Pero ya no te oigo. Estoy muerta. O puede que sí te escuche, desde un lugar lejano, en las antípodas de la vida, destinado a las almas con pena. Y puede que a mí me sirva esa imagen y ese mensaje, adivinándote desolado, a los pies de mi cadáver, pidiéndome una vez tras otra que no me vaya, que resista, que aguante, y abandone ese lugar repleto de gente triste que no respira y acceda a otro lleno de gente alegre, que no respira. ¿Qué más da? Nuestra comunicación se habrá roto...

Por eso creo que deberías dejar de mirar la tele. Apagarla. Y dejar los cubiertos sobre el plato, con tranquilidad. E incorporarte de la silla. Y venir hasta este extremo de la mesa antes de que se te haga tarde; porque te juro que me vencen las ganas de morirme.

jueves, 9 de octubre de 2014

¡POPULISTAS!

Los representantes de los partidos políticos tradicionales (esos a los que Pablo Iglesias llama “casta”) se han empecinado en explicarnos qué es populismo. Ni media palabra más; estos señores tienen estudios, están preparados y, por tanto, hemos de hacer caso y tomar “populismo” como ese acto que consiste en prometer 600 euros mensuales para aquellos ciudadanos en exclusión social; o a esa otra proclama que pide auditar la deuda y pagar sólo la parte que verdaderamente ha contraído el país. Perfecto; lo entendemos. Ya sabemos en qué consiste el “populismo”. Basta con que nos lo digan una vez. Pero, y ahora, ¿no sería ideal que explicaran también cómo hemos de denominar a los 2500 euros del cheque bebé que primero impuso y después finiquitó Zapatero? ¿Tal vez como medida electoralista? ¿Falta de cálculo? Resulta cuanto menos curioso que el pueblo llano, sin tanta preparación, crea que esa medida, carente de cualquier exigencia o criterio, hubiera mejorado y perdurado en el tiempo con el simple hecho de establecer unos requisitos mínimos, y no dejarla en flor de un día (o de urna). E incluso cabría preguntarles si esa ayuda a la natalidad o la ley de dependencia no conforman una deuda soberana. Nos van a responder que no hay dinero para todo y que en algún momento hay que ponerle techo al estado del bienestar. Pero ¿de verdad hemos de creer, a estas alturas, que todo lo que ha pasado y está pasando se debe a la burbuja inmobiliaria? ¿Es populismo preguntar cuántas empresas se pueden crear o reflotar con los 15 millones de euros de las tarjetas Black, o con los 50 de Bárcenas, o con el dispendio de la Junta de Andalucía, en el caso de los ERE? Puyol, Gürtel, cursos de formación, Urdangarín, Alicante… Y hasta los puentes de Calatrava.

En nada se quedan las caras de Bélmez. El misterio se encuentra en la de nuestros políticos. ¿Cómo es que no se sonrojan? Ellos han sido los escribientes de las instrucciones del juguete; y los que se han obstinado en hacerlo girar hacia el lado contrario al correcto; los que lo han roto. ¡Carajo! Y ahora, según parece, lo que procede es apartarnos y permitirles arreglarlo. ¡Populistas!

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 9 de octubre del 2014)

jueves, 11 de septiembre de 2014

UNA TARDE DE ENTIERRO

La otra tarde, tras un entierro, con alguna copa de más y un amigo menos, alguien decía que ese ejercicio, el de acompañar al muerto en la iglesia o en el tanatorio y dar nuestro pésame a sus más allegados, en la mayoría de las ocasiones estaba impregnado de egoísmo; porque con esa acción las únicas penas que quedaban redimidas eran las nuestras. No entendí. Y se explicó: “¿Cuánto tiempo hacía que no veías a Fulano (nuestro muerto)? ¿Y la última vez qué os dijisteis? ¡A ver si nos vemos! ¿Verdad?” Acabó su alegato rogándonos, a todos los presentes, que dejáramos de ir a su entierro, pero que procuráramos no olvidarnos de llamarle por su cumpleaños y un sábado de cada cinco o seis para tomar algo, aunque fuera un agua con gas.      

Esto dio pie a que otro argumentara que eso mismo, trasladado al ámbito político, ocurría con el estado del bienestar: “disminuyen la cantidad y la calidad de las prestaciones, pero jamás las harán desaparecer del todo. De ahí sacan sus tantos por ciento, los contratos para los amigos y la simiente para su trasvase a lo privado, toda vez que dejen de dedicarse a lo público”.

Y, por último, otro sacó a colación esa canción-paleolítico del maestro Joaquín Sabina, titulada “El joven aprendiz de pintor” y situada, para la ocasión, más en lo social que en lo artístico; y vino a decir que un buen número de los que prestan su ayuda y juran que están y estarán siempre para cuanto sea necesario, no se alegran de un giro en la suerte de sus benefactores; porque además de pasta, legumbres y arroz (por poner un ejemplo de ayuda), en las bolsas echan el deber del agradecimiento.

Yo, casi por decir algo, recordé que con demasiada frecuencia nos olvidamos de que para resultar útiles en lo malo primero hay que haber estado en lo bueno; porque en lo malo se presume la obligación y en lo bueno la apetencia.

Después, volvimos a brindar por el ausente, prometimos no dejar pasar tanto tiempo hasta la próxima y nos dijimos adiós con la firme intención de empezar a disfrutarnos más y a llorarnos menos.

“Hasta que la muerte os junte”, me pareció oírle decir al camarero que había oficiado la ceremonia, cuando se cerraba la puerta.

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 11 de septiembre del 2014)

  

jueves, 14 de agosto de 2014

HOMO SAPIENS

Puede que sean lógicas, pero no por ello dejan de resultar curiosas las relaciones que se establecen entre los distintos territorios que conforman el mundo: los habitantes de un país eligen libremente (o no) a sus gobernantes, y estos, dependiendo del grado de acogimiento que el resto de países tienen hacia sus políticas, levantan (o no) una serie de sanciones con la clara intención de influir negativamente en la economía de esos países; es decir, en el monedero de los ciudadanos que eligieron libremente (o no) a unos gobernantes que opinan de manera diferente a los primeros.
Hemos de pensar que están en su derecho: Rusia, por ejemplo, no tiene ninguna obligación de comprarnos a nosotros la fruta y la verdura. Y los gobernantes de la Europa a la que pertenecemos son libres de calificar como inaceptable el intrusismo de Putin en el conflicto de Ucrania, y de obrar, por tanto, en consecuencia.
Hasta aquí la lógica: damos por buena la autonomía con la que cuentan los pueblos para defender sus intereses y asumimos que la forma en la que está estructurado el mundo hace prevalecer el valor de una frontera sobre el bienestar de los seres humanos que viven a un lado y a otro de ella.
Lo ilógico, llegado a este punto, es buscar razones para la lógica anterior; porque no es lógico que recibamos con disparos de pelotas de goma a un tipo que viene de cruzar un desierto, ni que Obama reciba el premio nobel de la paz y su gobierno continúe permitiendo la venta de armas al estado de Israel, ni que la manera más efectiva de cambiar los designios de un país sea bloquear la entrada de productos de primera necesidad…
Y lo malo viene ahora: ¿es posible una lógica que no atiende a razones? Y si la respuesta es que no, ¿quiere decir que somos más ilógicos que el león que vive en la sabana africana y que caza sólo cuando tiene hambre? Y puestos a preguntar: ¿no será que nos empeñamos en falsear nuestra propia historia y realmente es el mono el que desciende del hombre?
(Artículo publicado en el Diario Jaén, el de agosto del  2014)


jueves, 17 de julio de 2014

LA ESTRATEGIA DEL DOBERMAN

Es posible tildar de inmorales los ataques que está recibiendo Podemos por parte del PP; principalmente porque ninguno de ellos deja paso al debate y por el uso indiscriminado de mentiras. Sin embargo, quizá estemos siendo testigos y parte de una magnífica estrategia política, y que Podemos, a la postre, también haya llegado para atenuar en futuras elecciones el castigo de los votantes al PP.

No resulta lógico pensar que ni una sola del millón y pico de personas que dieron su apoyo al partido de Pablo Iglesias en los pasados comicios europeos, fueran antiguos simpatizantes de la derecha. Por tanto, la obsesión de Aguirre and Company no está fundamentada en recuperar unos apoyos que han cambiado de bando, sino en despertar a aquellos electores desengañados por las políticas abusivas del gobierno, que han venido a reducir su abanico de votos de los once millones, en las últimas generales, a los cinco y pico, de las pasadas europeas. ¿La manera? Sacar del baúl la misma sensación de miedo a la que se acogió el PSOE para que Felipe González ganara sus dos últimos comicios. ¿Recordáis aquel perro dóberman furioso, que representaba a la derecha?

Hasta ahora, para el PP, Podemos es un brazo más en el entramado de ETA, con una financiación dudosa. Mucho me temo que, una vez agotada esta batería de improperios, lo siguiente sea decir que vienen para finiquitar nuestro estado de bienestar y que sobra con mirar la escasez de productos de primera necesidad en los supermercados de Venezuela para hacernos una idea de lo que nos espera. Está bien, de ese modo van a conseguir que en lugar de un millón y pico de votantes, Podemos obtenga dos o tres; pero tal vez, ante la falta de resultados reales, esta fórmula —la del miedo— también se erija como la más efectiva para que el partido en el gobierno regrese a sus once millones de votantes, a su mayoría absoluta.


Entretanto, el PSOE ha dejado de asemejarse a un boxeador noqueado sobre la lona… Ahora se parece más a un boxeador noqueado, una semana después del combate.           

(Artículo publicado el 17 de julio del 2014 en el Diario Jaén)

viernes, 20 de junio de 2014

¿Y POR QUÉ?

En ocasiones me pierdo y necesito recapitular, realizándome algunas preguntas. Las de hoy son éstas:

¿Cuál es el motivo por el que una parte de la población se opone a que seamos todos, mediando el sufragio universal, los que decidimos nuestro modelo de estado? ¿Qué temen? ¿Vaticinan una derrota? Y, en tal caso, ¿creen que su opinión tendría que prevalecer sobre la del resto? ¿Y por qué uno de los dos partidos mayoritarios se proclama republicano y acto seguido declina su voto en favor de la monarquía? ¿A qué juega? ¿Cómo van a explicar esta renovación de su ideario a sus militantes? ¿Y a estos militantes, qué les hace falta para estallar de una vez? ¿Primarias? ¿Acaso es más importante la marca del arroz que el sofrito?

Más asuntos: ¿qué hacemos si en las próximas elecciones en Cataluña y Euskadi los resultados muestran una mayoría nacionalista, echamos la vista hacia otro lado y nos remitimos a un conjunto de leyes, llamadas Constitución, aprobadas hace treinta y tantos años por siete parlamentarios, y refrendadas por una mayoría que recién salía de cuarenta años de dictadura? ¿Y no puede ser que esa mayoría, que dijo sí a dicha Constitución en el 78, actuara como alguien perdido en el desierto? ¿Se lo imaginan, a este pobre tipo sediento, toda vez que un equipo de rescate lo encuentra, negándose a beber agua, a no ser que sea embotellada?

¿Y Gallardón, de veras no es capaz de detenerse a pensar que mientras él aboga por la continuación del embarazo de fetos con malformaciones, el gobierno del que forma parte recorta con hacha las ayudas a la dependencia? ¿Y qué hay de la ley que ha permitido que narcotraficantes hayan salido indemnes de la cárcel? ¿Y en Francia, a qué esperan para encarcelar al señor Le Pen, tras sus repetidas declaraciones xenófobas? ¿Y Susana Díaz qué, otra vez campeona de Europa?

Mi resumen: a la democracia le ocurre lo mismo que a las habas, que están muy ricas; pero mucho más acompañadas con jamón o con bacalao. Y nuestra democracia, tal vez, ganaría lo indecible mezclándola con eso que nos jactamos en llamar libertad.


(Artículo publicado el 19 de junio en el Diario Jaén)

sábado, 14 de junio de 2014

LA MUJER BARBUDA

No te quieres morir y estás muerta. Sin necesidad de arrancarte las huellas de las yemas de los dedos ni desfigurarte las facciones más características del rostro. Como antes: igual que los maquis y los bandoleros.
Un elefante viejo se hace el distraído, se queda atrás y resuelve cambiar de rumbo, separarse del resto de la manada; y llega a un cementerio mágico, en donde sólo hay esqueletos de otros elefantes y un río de aguas cristalinas, montañas, árboles y cielo. Eres un elefante, que tras muchas incursiones ha encontrado su sitio. Así te presentas, sin que nadie te pregunte; porque no existe nadie; sólo casas en ruinas, esqueletos, la huella silenciosa de gente que, en algún momento, permaneció viva aquí, en este lugar, en tu cementerio.
Te resistes a permanecer callada, a perder la costumbre de comunicarte. Y empiezas a hablar contigo. Pronto asumes tu problema, el motivo de tu huida. No eres idiota. Nunca lo has sido. Tienes barba. No eres atractiva. El mundo no te percibe atractiva. Y es al mundo a quien le compete dilucidar ese tipo de cosas. Y, ante eso, no has encontrado mejor salida que marcharte a un sitio que forma parte del mundo, pero en el que no hay nadie, salvo tú.
Una noche te despiertas sobresaltada. Te ha venido una idea. No eres la única persona fea en el mundo. Y este lugar, tu cementerio, cuenta con muchas otras casas en ruinas; otra gente puede venir y reconstruirlas; gente con una nariz a punto de rozarle la barbilla, gente con los ojos extraviados y con una única ceja; gente con un solo ojo, con una sola oreja, o con la boca torcida; gente fea.
Te decides a poner un anuncio. En él declaras que eres un elefante, un elefante vivo, que ha encontrado el cementerio de los elefantes muertos; ese enclave misterioso, de leyenda. Describes minuciosamente las puestas de sol, los amaneceres, el ruido del viendo, del agua, el de las aves; y el silencio de las montañas, de los caminos y el del candil y el sillón y el fuego. Incluso tomas y publicas instantáneas del valle, de la colina en donde se alzan las casas, de las ventanas de madera, a falta de cristales y de un tejado. Al final, sólo al final, explicitas que la única condición que impones a quienes deseen recibir una copia de tu mapa, es que deben tratarse de personas feas.
Al cabo de un par de días recibes cientos de peticiones. Todas contienen una foto; tu exigencia. Es entonces cuando cometes tu primer fallo; no lees los mensajes, vas directa al archivo adjunto y, a partir de la imagen que ves, haces la selección. Te conviertes en la juez de tu mundo: tú decides; y lo haces usando los mismos criterios que provocaron tu huida. Otra noche, también de madrugada, vuelves a desvelarte y caes en esa cuenta, en tu propia injusticia. Das marcha atrás; destruyes las carpetas y comienzas de nuevo a abrir los correos.
Algunas de las razones de quienes quieren irse a vivir contigo te resultan maravillosas, te conmueven. Lástima que en ciertas ocasiones el aspecto de la fotografía no acompañe; no son lo suficientemente feos; no te valen.
Al final, después de darle infinidad de vueltas, te decantas por diez candidatos. Son muy feos, tanto como tú, otros elefantes; y sus razones te convencen: son tan maravillosas como las de la gente guapa que te viste obligada a rechazar por ese motivo, sólo por ese motivo.
Aun así, crees que debes responder a todos los que han mostrado interés en llegar a ti, a tu sitio. Y comienzan los problemas. La gente no entiende que seas tan elitista. Dicen que ellos no tuvieron elección, que nacieron así, que es cuestión de genética, que el hecho en sí les sugiere la irrupción de un nuevo holocausto; y te proclaman que nada les gustaría más que despertarse al día siguiente siendo feos, si ello les permite habitar en tu paraíso. Algunos incluso te proponen sacarse un ojo, o rajarse de arriba abajo la cara, o cortarse las dos orejas. Alguno, incluso, lo lleva a cabo y te envía una fotografía con su nueva imagen: espantosa, mucho peor que la tuya.
Llevan razón. Así lo sientes. Te has vuelto a equivocar. Estás completamente segura de ello y vuelves a echar marcha atrás. Frenas todo el asunto. Necesitas pensar. Y te das unos días.
 El candil, el sillón y el fuego y, sobre todo, el ordenador te han tenido demasiado sujeta. Sales de tu casa reconstruida, al exterior de tu cementerio. Encuentras irrepetibles los horizontes, las nubes bajas que abrazan a las montañas del fondo, el tapiz que forman los árboles en las laderas, el río, siempre susurrante, siempre ahí, corriendo y sin marcharse a ningún sitio. No puedes ser tan egoísta. No puede ser para ti sola, ni para quien tú elijas —piensas—. Y en un impulso, entras de nuevo en la casa, te sientas frente al ordenador y colocas un nuevo anuncio con la dirección exacta del paraíso, archivando de esa manera todas tus exigencias anteriores y cometiendo el que será tu segundo y definitivo fallo. Ya no habrá tiempo ni oportunidad para otro.
A las pocas horas ya no caben más coches en la era y los que llegan después se ven obligados a aparcar en las anchuras del carril. Hay de todo: gente inmaculadamente fea, lo que tú ansiabas al principio; gente de aspecto insulso, que no llaman la atención por nada; gente atractiva, a veces sólo por su forma de moverse o de mirar; gente guapa, muy guapa; y gente que sólo pasa a echar un vistazo, con el perro, los niños y la fiambrera. Todos coinciden en lo mismo: se trata del lugar más increíble nunca visto.

El resto de la historia es de sobra conocida por todos: un promotor inmobiliario, que consigue que recalifiquen como urbanizables unos terrenos anexos a la pequeña aldea, justo en donde tú tenías planificado plantar hortalizas y tubérculos para que la economía fuera sostenible y en los que ahora se levantan varias hileras de pequeños chalets pareados; un tipo con don de gentes, que se hace con la presidencia de la comunidad, y que no soporta el calor, ni las piedras del río  y que se topa con un espacio ideal en donde hacer un gran hoyo para la construcción de una piscina enorme, para todo el vecindario, sin distinciones, para que no se pierda la matriz alternativa y solidaria de tan singular sitio; y el niño, el maldito niño que se las da de gracioso y advierte el vello de tu cara y decide ponerte el sobrenombre de “La mujer barbuda”. El mundo. 

viernes, 13 de junio de 2014

LA PUNTA

Caminas adrede con una punta clavada en la suela del zapato. Llevas toda la noche recorriendo el pasillo en ambos sentidos. Quieres acostumbrarte a esa punzada, que no quede ni rastro de amortiguación en el maldito pie derecho y que deje de asomarse cada dos pasos el gesto de dolor en tu cara.
Tienes pensado hacerte de su mano izquierda en cuanto salga de la tienda; apretarla cada tanto, cada dos pasos. Crees que eso te servirá para aminorar la atención de lo que ocurre abajo —sólo aminorar. Se trata de eso, de aminorar, no de disolverla del todo—. También has ideado proponer una conversación divertida, que os haga reír y convulsionaros levemente. Ella no debe darse cuenta. Te preguntaría; y aunque tú te empeñes en lo contrario, acabaría averiguando lo que sucede y te verías obligado a relatarle la verdad.
La verdad es que te falla la memoria. Olvidas las cosas que le has prometido. Y lo que aún es peor: te olvidas de ella. Porque hay miles de cosas que sabes que no debes hacer desde que estás con ella, sin el requerimiento de una promesa. Y las haces. No pierdes ocasión. Por eso te ha dado por pensar que puedes estar enfermo y has planificado todo este embrollo.
La punta clavada en la suela del zapato ha de actuar como los parches de nicotina. Cada impulso obtenido a partir de una zancada de tu pierna derecha te irá alejando del mal. Harás camino, caminando. Lo encuentras infalible. Una opción tan buena como otra… Otra que no te gusta. Porque te avergüenza acudir a un especialista, colocarte bajo su sano juicio, responder a sus preguntas y atisbar que sus argumentos y los tuyos no son coincidentes; que te toma por un simple hombre promiscuo, con la caradura de aparecer por allí para disfrazar lo que acontece y alargar en el tiempo, de ese modo, los supuestos beneficios.
Es cierto que te beneficias. Pero únicamente en el momento exacto. Después las puntas no son de hierro; pero en lugar de una son cientos; y no perforan un trozo de goma; éstas atraviesas tu piel y se retuercen en círculo, incesantemente, a un lado y a otro. Y cuando acaban contigo, ¡cuando crees que han acabado contigo!, permanecen contigo: en los razonamientos que proyectas y en el alma, el alma oscura que percibes.
 En el banco del parque apoyas tu pierna izquierda sobre la derecha y no cesas de golpear el suelo con la planta del pie. Ella te preguntas si estás nervioso. Sonríes, mientras le respondes que no.
La última vez fue anoche, justo antes de agarrar el martillo y la punta. En cuanto esa otra mujer se fue, llevaste a cabo ese ejercicio, tu medicina, tu tratamiento, sin descalzarte. Y, también adrede, usaste una fuerza desmedida, superior a la necesaria. Caló hondo. Mucho. Pero te mantuviste en silencio. Entonces te decidiste por otro golpe más definitivo, uno que viniera a hacer desaparecer la cabeza de la punta y surgir un grito y un llanto. Lo lograste.
Ahora le has pedido que se siente sobre tus rodillas. La abrazas y escondes tu cara y tu gesto de dolor en la techumbre de sus pechos. Te da miedo despedirte. Mucho miedo. Temes por ella y por ti. Barruntas la posibilidad de un nuevo fracaso. ¿Por qué no? Ya en otras ocasiones has jurado que aquello no volvería a ocurrir; y antes de la punta, has usado otros remedios parecidos, que nunca han servido para nada. La carne es débil. Y la memoria más, piensas.

Ha llegado el momento: su hora y la tuya. Le dices, tontamente, que confíe en ti, que no se preocupe, que la quieres, y que, al final de la tarde, en cuanto salgas de la piscina, pasarás por la tienda a recogerla.  

jueves, 22 de mayo de 2014

FRAILES, LA LUZ DE 'MAIQUEL'

Hace unos días cayó en mis manos La fábrica de la luz, de Michael Jacobs, un libro en el que un inglés, nacido en Italia, relata su enamoramiento con Frailes y con la Sierra Sur. Lo primero que pensé, conforme iba pasando páginas, fue lo contradictorio que resultaba ver como los escritores  de más renombre de nuestra provincia se decidían por Madrid o Sevilla para establecer sus lugares de residencia, mientras que un escritor inglés y cosmopolita se decantaba por Frailes. Al principio, iluso de mí, me dije que igual éstos se habían marchado de Andújar y de Úbeda antes de explorar el resto de paraísos que encierran nuestras tierras; luego, claro, caí en la cuenta de la Magina inventada por Antonio Muñoz Molina, y en el Cuaderno de viaje de Salvador Compán, y en los muchos y exquisitos libros en los que Juan Eslava Galán nos ayuda a comprendernos. Y no pude más que llamarme estúpido y continuar leyendo, sin atender a las infinitas circunstancias que conducen a un hombre a vivir en una u otra parte del mundo.

Al contrario que Chris Stewart, en su libro Entre limones, Michael Jacobs no centra el argumento de La fábrica de la luz en las peripecias que sufre para establecerse en Frailes. Esas anécdotas, que las hay, quedan solapadas por la idiosincrasia de la gente con las que se va encontrando; y saca a la palestra a personajes inigualables, soberbios, los verdaderos culpables de que el escritor comience a alargar cada vez más sus estancias allí y advierta cualquier otro paisaje o cualquier otro país como impropio.

No necesitamos leer las narraciones de un foráneo para sentirnos orgullosos de lo que somos y de cómo somos. Pero es innegable que la perspectiva mágica desde la que nos describe Jacobs logra traspasar el alma.

Michael ha fallecido. Y ha sido su última voluntad que sus cenizas sean esparcidas en la Sierra Sur. Tal vez para asegurarse de que no se apaga del todo la luz.


Gracias, Merce, por la dedicatoria y por convencer a ‘Maiquel’ de que Frailes, tu pueblo, es el pueblo más bonito del mundo. Y gracias, Blas Prieto, por este regalo y por muchas cosas más.      

jueves, 24 de abril de 2014

TANTO TIENES, TANTO VALES

Puede que con el paso de los siglos los historiadores decidan dotar de cierta trama literaria a la preocupación que sienten en la actualidad los líderes europeos y el presidente Obama por Ucrania, y escriban que los valores democráticos de éstos los empujaron a enfrentarse con uñas y dientes a la todopoderosa Rusia. La realidad de ahora, sin embargo, es triste y matemática: todas y cada una de las reuniones de urgencia y los minutos en los noticiarios, superponiéndose a otros conflictos bélicos, se deben únicamente a un trozo de tubería que trasporta gas. Y se antoja, cuanto menos presumible, que la solución acabe siendo salomónica: en Ucrania se producirá una guerra civil, que traerá consigo la muerte de miles de personas y que geográficamente dividirá el territorio en dos; y el tira y afloja de los mandatarios que se sientan a discutir finalizará con un pacto de no agresión, que consistirá en que el dichoso trozo de tubería quede a salvo de pro-rusos y pro-europeos. Y puede que también, con el paso de los siglos, algún historiador se decida a cerrar el capítulo de lo que ocurre en Siria (por poner un ejemplo), y que lo haga con una sentencia que condene para siempre a la sociedad deshumanizada que conformamos, escribiendo que allí carecían de viaductos vitales para el resto del mundo, y de pozos petrolíferos, y de minas de oro o de diamantes, y que el país, más que cualquier otra cosa, lo que contenía era a sirios.

Dice Sabina en una de sus canciones: “Lo malo no es que huyera con mi cartera y mi Gibson Les Paul, peor es que se fuera robándome además el corazón”. Igual con esto ocurre algo parecido; que malo es visionar la película, pero peor es saberse partícipe del guion. Nuestra suerte es que se acercan las elecciones al Parlamento Europeo, y con ella nuestra oportunidad de retomar la dirección del film. A ver qué hacemos…

Por último, me permito una licencia. Gracias, Gabo: tú sí permanecerás dentro de un millón de siglos inmerso en el realismo mágico que nos regalaste, porque eres irrompible, inmortal. Te queremos.


jueves, 27 de marzo de 2014

SI NO QUIERES CALDO, TOMA DOS TAZAS

Asusta tratar de adivinar la causa por la que medios de comunicación con distintas líneas editoriales se ponen de acuerdo para silenciar o desvirtuar en una misma dirección una determinada noticia. Cualquiera diría que el bipartidismo reinante les convence para que se inmiscuyan en cuantos temas quieran, menos en aquellos que puedan traer consigo la rotura irreparable del juguete.

Indigna sobremanera mirar las portadas de los periódicos del pasado domingo veintitrés. Alguno de ellos incluso se atrevía a dedicarla por completo a la previa de un partido de fútbol; sí, con la que nos está cayendo, para el Diario ABC lo más importante de ese día lo resumía el señor Ancelotti, actual entrenador del Real Madrid. Ojo, el periódico El País tampoco creyó oportuno destinar su editorial a la mayor manifestación ciudadana de nuestra historia; mientras que el Mundo se hacía eco con una fotografía en la que no gobernaba la columna de gente que paralizó Madrid, exponiendo sus reivindicaciones pacíficamente y tras recorrer, mucha de ella, centenares de kilómetros, sino con una instantánea en la que se ve como unos descerebrados atacan un coche de policía.

Los altercados producidos al término de la manifestación son totalmente rechazables y no ayudan en nada a difundir el mensaje de hartazgo del 99,9% de los ciudadanos que tuvieron a bien formar parte de la Marcha por la dignidad; pero de ahí a hacer prevalecer esa noticia frente al mensaje que reinaba en las cabezas de los cientos de miles de manifestantes, va un paso.  

El apartado de opinión en los diferentes medios de comunicación suele resultar enriquecedor, necesario y entretenido siempre y cuando se encuentre en el lugar apropiado, tras una información veraz de los acontecimientos. Pero cuando viene precedido de una verdad sesgada y partidista, sobra y acaso sirve para conformar una mentira más propia de otros tiempos.


La libertad de prensa es vital para el sostenimiento de una sociedad democrática. Ya sólo falta que los que mandan y dirigen el rumbo de los diferentes medios de comunicación entiendan que por encima de esa libertad de prensa se halla la libertad de pensamiento y que esta última es imposible si ellos ocultan o retuercen los hechos.

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 27/03/14)

jueves, 27 de febrero de 2014

EN LA FRONTERA

Extraña la deslealtad hacia su ideario que los partidos políticos muestran frente a determinados temas, cuando se encuentran en el poder. El PSOE, la última vez que gobernó, con su Zapatero de buen talante y su política social y progresista, elevó de tres a seis metros la altura de la valla que separa a Ceuta y Melilla de Marruecos e introdujo las concertinas. Y lo hizo en aquel tiempo en el que los extranjeros contribuían a las bonanzas del estado, por aquello de regular el flujo, en aras de una fórmula exacta en la que, al parecer, el negro Y era directamente desproporcional al negro X. ¿Tendrán sus conciencias tranquilas? El PP, entretanto, preocupado por la deshumanización que sufrimos y aprovechando una abrumadora y desquiciante mayoría absoluta, se empecina en enseñarnos la desprotección en la que se hallan los fetos o la idoneidad de que el seno de una familia esté formado por un hombre y una mujer, mientras hace bueno a su adversario, reutilizando esas cuchillas que, por mera cuestión humanitaria, tuvieron que ser retiradas. ¿Habrá cielo para ellos?

Y lo peor es la mansedumbre con la que les escuchamos mascullar sus proclamas. Ahora a Rubalcaba and Company les toca agravar el gesto y enfatizar la matriz solidaria que vertebra a su partido, tomándonos por locos o desmemoriados; y al ministro de turno, el mismo que se postula ferozmente a favor de una política antiabortiva, defender las acciones contra natura que se están llevando a cabo en la frontera.

Al ver las imágenes de esos chicos (atléticos, como se entretenía en especificar el gobierno), sangrándoles los pies y las manos y con las ropas raídas, y, pese a todo, exultantes de felicidad, corriendo por las calles de Ceuta y Melilla, cuanto menos uno se siente inmoral al saber que parte de sus impuesto sirven para costear la infinidad de trabas que esos seres humanos han de sortear para alcanzar su tierra prometida. Y está bien, algo hay que hacer, porque posiblemente no sea viable una política de puertas abiertas. Pero quizá todo empiece por concederle valor a la honestidad y enterrar la hipocresía, y pensar que otra política siempre es posible… con otros políticos.  

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 27/02/2014)

jueves, 30 de enero de 2014

CAMINANDO EN CÍRCULOS

Hay personas entre los treinta y cinco y los cincuenta años que han perdido su empleo durante la crisis; jóvenes entre los veinticinco y los treinta y cinco que continúan formándose hasta que aparezca un resquicio por el que acceder al mercado laboral; chicos entre los dieciocho y los veinticinco cursando estudios universitarios; y chavales entre los quince y los dieciocho decidiendo qué quieren ser de mayores. A aquél que perdió su puesto de trabajo durante la crisis le cuentan que las políticas actuales de empresa se decantan por la carne fresca, antes que por la experiencia; a la generación de los máster le piden que deshinchen la realidad de sus currículos; a los estudiantes universitarios que amplíen sus conocimientos, porque la hornada  que les precede es la mejor; y a los chavales, que no abandonen las aulas porque la sociedad precisa, sobre todo, de una mano de obra cualificada.

Nuestro sistema de Bienestar se sustenta mediante las cotizaciones a la Seguridad Social y los impuestos. Decrece el sueldo de los trabajadores  y la cuantía económica que los empresarios han de desembolsar por cada uno de sus empleados con la excusa de favorecer la contratación y la competitividad, mientras aumentan los impuestos que gravan el precio de la leche, del pan y de las legumbres, para paliar el descenso de dinero en las arcas del estado, que ha de hacer frente al pago de las pensiones y de las prestaciones por desempleo. La disminución de los sueldos y la crecida del valor de productos de primera necesidad coarta la proliferación de desmanes en forma de vehículos, ropa o artículos destinados al mero entretenimiento, lo que conduce irremediablemente a una reducción en el consumo y en el número de contrataciones que las empresas tienen que efectuar para sacar adelante su producción. Y, por tanto, disminuye la cantidad de afiliados a la Seguridad Social y se deteriora nuestro sistema de Bienestar.


En esto, que viene tu chaval o tu chavala pidiéndote consejo sobre esa decisión que andan meditando: la de qué ser de mayores. Y a ti, que te preocupa el asunto y que sabes que debes ser honesto, te sale de pronto que extraterrestres…

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 30 de enero del 2014)

jueves, 2 de enero de 2014

¿JUSTOS POR PECADORES?

Está bien, aceptamos pulpo como animal doméstico y admitimos que la inmensa mayoría de políticos y sindicalistas son honrados y los cometimientos de sus fallos, cuando los hay, obedecen a la inherente torpeza humana. Y admitimos, sobre todo, la necesidad de la existencia y obra de éstos, y la urgencia de que acometan sus funciones con los pies en el suelo y atendiendo a los ciudadanos a los que se deben con el máximo respeto y rigurosidad.

Pero una vez salvada dicha mayoría de estar en tela de juicio, ¿es comprensible la actuación o posición que vienen adoptando, al menos de cara a la opinión pública, las bases, los militantes, los afiliados a los partidos políticos y sindicatos?

Sorprende sobremanera la aparente quietud que mantienen los “abonados” a la UGT, con sus cien frente abiertos; o que no se escuchen alaridos de desaprobación en el interior de las sedes del PP, por sus mil frentes abiertos; o que los militantes del PSOE mastiquen de tan buen grado la sucesión a dedo de Griñán o el empecinamiento del señor Rubalcaba y de su equipo por ser los valedores de la mil veces nombrada regeneración política.

Fue Hitler el que se pegó un tiro en la sien; pero no debemos olvidar que tras él había un ejército que decidió hacer oídos sordos y esperar a la toma de Berlín para deponer las armas. Y, sobre todo, no debemos olvidar que, sin ese ejército, Hitler habría pasado a la historia como un payaso más.

Es curioso observar hasta dónde llega la fidelidad a unas siglas de índole político, tras las cuales se supone que se esconden unas ideas, un modo de entender la vida y el mundo. Ni siquiera tal ceguedad se ve en los aficionados al fútbol. Dichos aficionados, cuando los resultados de su club no son los esperados, claman por la dimisión del presidente, por la sustitución del entrenador y de todo su equipo técnico y por el despido de media plantilla. Función, ésta de clamar, que nunca se le deja a los seguidores del equipo rival.

En política, sin embargo, parece que todos los militantes, ya sean de un bando u otro, en algo se ponen de acuerdo: su lema, “y tú más”; su equipo, el Betis, gane o pierda.

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 2 de enero del 2014)