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jueves, 14 de agosto de 2014

HOMO SAPIENS

Puede que sean lógicas, pero no por ello dejan de resultar curiosas las relaciones que se establecen entre los distintos territorios que conforman el mundo: los habitantes de un país eligen libremente (o no) a sus gobernantes, y estos, dependiendo del grado de acogimiento que el resto de países tienen hacia sus políticas, levantan (o no) una serie de sanciones con la clara intención de influir negativamente en la economía de esos países; es decir, en el monedero de los ciudadanos que eligieron libremente (o no) a unos gobernantes que opinan de manera diferente a los primeros.
Hemos de pensar que están en su derecho: Rusia, por ejemplo, no tiene ninguna obligación de comprarnos a nosotros la fruta y la verdura. Y los gobernantes de la Europa a la que pertenecemos son libres de calificar como inaceptable el intrusismo de Putin en el conflicto de Ucrania, y de obrar, por tanto, en consecuencia.
Hasta aquí la lógica: damos por buena la autonomía con la que cuentan los pueblos para defender sus intereses y asumimos que la forma en la que está estructurado el mundo hace prevalecer el valor de una frontera sobre el bienestar de los seres humanos que viven a un lado y a otro de ella.
Lo ilógico, llegado a este punto, es buscar razones para la lógica anterior; porque no es lógico que recibamos con disparos de pelotas de goma a un tipo que viene de cruzar un desierto, ni que Obama reciba el premio nobel de la paz y su gobierno continúe permitiendo la venta de armas al estado de Israel, ni que la manera más efectiva de cambiar los designios de un país sea bloquear la entrada de productos de primera necesidad…
Y lo malo viene ahora: ¿es posible una lógica que no atiende a razones? Y si la respuesta es que no, ¿quiere decir que somos más ilógicos que el león que vive en la sabana africana y que caza sólo cuando tiene hambre? Y puestos a preguntar: ¿no será que nos empeñamos en falsear nuestra propia historia y realmente es el mono el que desciende del hombre?
(Artículo publicado en el Diario Jaén, el de agosto del  2014)