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jueves, 23 de abril de 2015

Hijos de gente sin alma

Decían los padres de Juan Lanzas, el conseguidor de los ERE, que su hijo tenía billetes para asar una vaca. ¿De veras cambia el dinero tanto el sabor de la carne? Fernández Villa, el histórico sindicalista de la minería asturiana, guardaba un millón y medio de euros; imagino que para dejárselo en herencia a sus hijos. Y en ese caso, ¿cuál sería su discurso en su lecho de muerte?: “hijos míos, esto es el fruto del sudor de mi frente” o “hijos, esto es todo lo que he podido saquear a los compañeros”. Sabemos que Rodrigo Rato, además de un presunto ladrón, era muy capaz de gastarse varios miles de euros en una sola tarde de bares. ¿Qué le echaban en el vaso? ¿Existen licores tan caros o existen locales encargados de atender a la gente que desprecia el valor del dinero porque lo obtienen sin esfuerzo?
Me dan pena estos señores que no sienten miedo de rayar el coche que estrenan, esos imbéciles que pagan cien euros por un par de huevos fritos con patatas. Todos, en algún momento, ejercieron una profesión digna y en algún momento decidieron que la verdadera felicidad se encontraba en defraudar a sus conciudadanos. ¿Qué consejos les darán a sus hijos? ¿Querrán que se les parezcan?
Me cuesta creer que a cualquier Pujol o Bárcenas de turno no le importe lo que piensen de ellos el camarero que les sirve el vino, la señora que se les cruza por la calle, el vendedor de periódicos, la enfermera y hasta el alma mecánica del cajero automático. Si el éxito es una fórmula mágica en la que se combinan la admiración y el respeto del prójimo, con el grado de honestidad con la que se consiguen ese respeto y esa admiración, estos tipejos no son más que un puñado de desgraciados.
Y de verdad, pienso mucho en esos hijos de corruptos y corruptas. Porque los hijos del carterista o del que trapichea con unos gramos de droga, ven que sus padres no obran bien y tienen el alma sucia. Pero ¿y éstos, que aprenden antes a pelar con cubiertos las gambas que a saborearlas, qué hacemos con éstos? ¡Por favor, que asuntos sociales intervenga ya!

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 23 de abril del 2015)