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jueves, 18 de junio de 2015

Que se preparen los intolerantes

Si Dios existe y es verdad eso de que tras la muerte nos aguarda el cielo, que se preparen los intolerantes: recién aterriza la avioneta que traslada allí a Pedro Zerolo. Esto viene a significar que frente a la creencia milagrosa de la multiplicación de los panes y los peces, y de la resurrección de Lázaro, y la separación de los mares, él esgrimirá el peso aplastante de la lógica; y entonces Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo se verán forzados a responder a qué o a quiénes hacen daño los besos y caricias que se dan dos personas del mismo sexo. Y como dicha respuesta guarda una inexistencia aún más profunda que la que alberga cualquier fe religiosa, pronto se producirá la liberación de los seres alados, a los que, de manera espontánea, les nacerá un sexo, que usarán como les plazca.   
Si Dios existe y es verdad que castiga con el infierno a los que no se rigen por las leyes que promulga su Iglesia en la tierra, que se preparen los intolerantes; porque recién aterriza la avioneta que traslada allí a Pedro Zerolo. Y esto viene a significar que su diálogo con el Demonio pronto valdrá para transformar ese reino de fuego en el verdadero paraíso; porque cualquier bien nacido no entiende que en ese lugar no seamos tratados todos de la misma manera y contemos con las mismas oportunidades.
Si, por el contrario, Dios no existe y es verdad eso de que tras la muerte acaso somos polvo y memoria, que se preparen los intolerantes; porque la lucha por la igualdad que ha mantenido Pedro Zerolo, hasta el último de sus días, va surtiendo efecto, y más pronto que tarde serán cuatro frente a una sociedad sin más credo que la libertad del individuo.
Por último, en el caso de que Dios exista y disponga de la propiedad de devolver a algunos muertos a la vida, que se preparen los intolerantes; porque para eso ni siquiera tenemos que contar con el favor o la intervención de un ser Todopoderoso; nos basta con mantener vivo el espíritu de Pedro Zerolo. Y eso, siempre, será un orgullo.
Gracias, Pedro.

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 18 de junio del 2015)