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miércoles, 8 de junio de 2016

Felicidades, hermano

Me habían pedido que diera mi opinión acerca del debate entre mujeres de mañana, pero creo que, con lo que dice y calla en sus cuñas publicitarias la cadena televisiva que lo emite, el asunto se describe por sí solo: lo presenta como un espectáculo, en el que prima la condición femenina de sus cuatro protagonistas, y omite el vergonzante hecho que origina su existencia: la ausencia de una mujer como candidata a la presidencia del gobierno en cualquiera de los cuatro principales partidos, algo que podría y debería de ser circunstancial si en algún otro momento de nuestra historia distintas mujeres hubiesen ocupado tal puesto. Pero no, al parecer, en todos estos años de democracia, todavía no ha nacido fémina que se lo merezca tanto como los hombres que ostentaron dicho honor (esto, a pesar de nombres como González, Aznar, Zapatero, Mariano…).
Yo, sin embargo, hoy quería alejarme de la política nacional y dedicar mi artículo a ciertos atropellos que se cometen en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, el lugar en el que habito. ¿Saben que aquí existen establecimientos hoteleros, de reciente apertura, que tienen sus urinarios conectados al río mediante un tubo de PVC, y que tamaña tropelía es conocida por las diferentes autoridades y que éstas hacen oídos sordos? Lo cierto es que este acto nos permite admirar un número similar de truchas y cagarrutas en algunas zonas del espacio natural protegido más grande de la península, e igual peco de ignorancia y apenas se trata de una moderna estratagema para ampliar el espectro de turistas que nos visitan.  
No obstante, he de admitir que mi falta de valentía y mi temor a las represalias me han conducido a desechar tal tema y decantarme, al fin, por escribir sobre los distintos festivales musicales que se van a suceder en nuestra provincia, en las próximas semanas. Pero, al pronto, he caído en que hoy es el 50 cumpleaños de mi hermano JuanMa, y he pensado que un periódico es un sitio inmejorable para decirle que le quiero mucho y para pedirle que se quede tranquilo, porque aprendí de nuestra madre a cocinar las habichuelas con arroz y jamás de los jamases tendrá que echar de menos ese plato.  

(Artículo publicado en el Diario Jaén, el 8 de junio del 2016)