jueves, 7 de noviembre de 2013

VERGOGNA

Se aproxima el primer aniversario del papado de Francisco I y aún seguimos escudriñando cuánto hay de verdad y cuánto de servilismo en sus mensajes. ¡Qué necedad! Llevamos vida y media proclamando la necesidad de que la cabeza más visible de la Iglesia se deje de divinidades y arrastre de una vez los pies por el suelo; y cuando por fin Lázaro se levanta y comienza a caminar, el resto del mundo se para, olvida sus requerimientos y se dedica a tratar de encontrar imperiosamente atisbos de ambigüedad o dobles lenguajes en cada una de sus palabras.

De manera parecida atendemos las resoluciones que van tomando los gobiernos. El italiano, tras el par de últimos accidentes (¡tras los más de 500 muertos!), ha decidido reforzar su presencia militar en la costa de Lampedusa. El español, da igual con qué partido en el gobierno, cada poco eleva unos cuantos metros más la barrera que separa a negros y blancos. Y la comunidad internacional, entretanto, aboga por ayudar económicamente a sus países aliados, para que no corran ellos con todos los gastos del muro y, sobre todo, porque no vaya a ser que tras salvar la verja o cruzar el estrecho, el negro se piense que “ancha es Castilla” e intente traspasar nuevas fronteras.

Mientras, nosotros nos indignamos lo indecible; tanto que en ocasiones hasta le hablamos airosamente a la voz que sale de los altavoces de la tele. Y hasta nos echamos las manos a la cabeza por tamañas injusticias; y puede que hasta lloremos durante esos segundos trágicos en los que comprendemos que los seres humanos que protagonizan esas desgracias son idénticos a nosotros. Pero puede que también, acto seguido, vayamos a una administración de lotería a comprar un décimo para el sorteo de navidad, un décimo que nos ayude a soñar, a pesar de las infinitas probabilidades de que esos 20 euros acaben en la basura. Y puede que, como en ese chiste de los dos pobres que imaginan lo que harían si se encontraran un millón de euros en la calle, cuando los unos a los otros nos preguntemos: “¿Y para los pobres cuánto?” Todos respondamos: “’Pa’ los pobres ‘na’”.


No creo en Dios. Pero me encanta que su lugarteniente sienta, cuanto menos, vergüenza. 

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 7 de noviembre del 2013)

jueves, 10 de octubre de 2013

LA SIERRA SUR


 

En el plano natural, la provincia de Jaén tiene cinco “hijos”: Las sierras de Cazorla, Segura y las Villas; Despeñaperros; la Sierra de Andújar; Sierra Mágina y la Sierra Sur. Las cuatro primeras cuentan con diferentes estatus de protección. La Sierra Sur, pese a andar en dicha tarea desde tiempos inmemoriales, aún no. ¿Para qué sirve el sobrenombre de Parque natural, o algún otro similar? Principalmente, para salvaguardar dichos terrenos de las tropelías que comete el ser humano, y para arrebatarle al olvido y a la inexistencia aspectos etnológicos que nos han venido construyendo a lo largo de los años.

Las singularidades que le confieren a la Sierra Sur un valor incalculable, más que digno de pertenecer al mismo grupo que el resto de nuestras sierras, son innumerables e incuestionables: cuenta con el bosque de tejos más nutrido de Andalucía; se trata de uno de los bosques mediterráneos que menos ha acusado el paso del hombre, muy dado a deforestar o reforestar según su conveniencia; la espectacularidad de sus formaciones geológicas, como la ventana tectónica del Valle de Ranera, la más amplia de Europa; su población de aves rapaces; sus encinares; la variedad de sus paisajes; los vestigios de nuestros antepasados, en forma de pozos neveros, caminos de herradura, molinos harineros, cortijadas, fuentes, abrevaderos…

Vivimos en el renacimiento de una era de reivindicaciones y defensa de derechos. Nos acucian los problemas, la irrupción de necesidades, las urgencias… Y puede que pugnar en estos tiempos por la consecución de algún tipo de figura proteccionista para una sierra no parezca prioritario. Sin embargo, resulta difícil imaginar mejor mango para un martillo, que poner en valor a la tierra que nos identifica y nos distingue.  

El 24 de noviembre, a las cuatro de la tarde, en la casa de la cultura de Valdepeñas de Jaén, hay convocada una reunión para constituir la plataforma que trasladará a los organismos competentes la necesidad de dotar de protección a la Sierra Sur. Entretanto, me atrevo a proponeros un paseo por cualquiera de sus parajes, por aquello de que una mirada dice más que mil palabras; y a haceros una pregunta: ¿No vais a venir? 

(Publicado en el Diario Jaén, el 10 de octubre del 2013) El tema, una sierra tan inmensa y rica, da para escribir decenas de libros; el espacio que me ceden en el periódico obliga a introducirlo en un corsé.




jueves, 12 de septiembre de 2013

GR-247: EL OTRO CAMINO

El camino de Santiago, en su vertiente francesa, la más popular y frecuentada, comprende aproximadamente ochocientos cincuenta kilómetros. Tiene su punto de inicio oficioso en San Juan de Luz, en el país vasco francés; y tras atravesar parte del pirineo navarro, La Rioja y las provincias de Burgos, León, Lugo y A Coruña, se alcanza la ansiada y mágica meta de la ciudad compostelana. Eso si no eres un valiente y no prosigues hasta Muxía o Fisterra, a quemar la ropa vieja y las malas energías frente a ese océano que ruge hasta desatascar las almas.

El GR-247 (GR significa sendero de gran recorrido) abarca cuatrocientos y pico kilómetros; es circular y puedes sumarte a él en cualquier punto y, desde ese punto, llegar a otro punto mágico, único. Empieza en el parque natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, y culmina en el mismo parque, sin salirse un palmo de él en momento alguno, sin abandonar nuestra mágica provincia ni un solo centímetro. A día de hoy, se trata del GR más extenso de Europa acotado en un solo espacio protegido. Está recién inaugurado; señalizado y equipado con refugios para el merecido descanso del caminante; dotado incluso con distintas variantes dentro de una misma etapa, convirtiéndolo en un extraordinario camino sin fin para el senderista, para el cultivador de paisajes. Salvando el obstáculo que supone no contar con el favor de un apóstol, y teniendo claro que lo idóneo no sería convertirlo en una Meca de peregrinación masiva, ahora quizá toca barajar las diferentes posibilidades que puede ofrecer en el plano económico, en la generación de empleo. Una obra de estas características se distingue, principalmente, por estar viva y sometida a las inclemencias del tiempo y a las de nuestro paso: sus beneficiarios. ¿Quiénes se van a hacer cargo de su mantenimiento? (sobreentendiendo que se habrá pensado en una partida presupuestaria para tal efecto) ¿Se va a publicitar en los foros adecuados y suficientemente? ¿Resulta demasiado atrevido pensar en cierta repoblación para dar servicio a los usuarios, en aquellas zonas del parque que carecen de ellos? Pido disculpas si ando exponiendo disparates. Pensaba en aquello de que igual y con pequeñas soluciones se logra doblegar a los grandes problemas. 

(Artículo publicado en el Diario Jaén el 12 de septiembre del 2013)

domingo, 18 de agosto de 2013

VOLVER CON LA FRENTE MARCHITA

A nuestra provincia, la prosperidad llegaba en verano, montada en coches grandes. Salía de Cataluña, Madrid o Valencia cargada de añoranza, a mirarse en un espejo que le permitía descubrirse con algunos años menos, pero también con muchos menos posibles y, a priori, con exiguas posibilidades de progreso. Llenaba las terrazas de los bares, dotándolas de algarabía y de solemnes y sublimes reencuentros; luego prometía dejarse caer en navidad o en cualquier otro puente próximo; abrazaba lo indecible a los abuelos y a los tíos y a los primos que nos quedábamos aquí, y se iba para continuar trabajando, a seguir prosperando, en el mismo coche grande, colmada de antídotos contra la nostalgia (en forma de embutidos y aceite). Lo hacía con la idea de volver algún día para quedarse; hasta que el nacimiento y el matrimonio de sus hijos, y el nacimiento de los hijos de éstos, le obligaba a doblegar esa querencia, a cambiar la patria del corazón por la patria que teje la sangre.
Hoy esa prosperidad ha muerto. Y quienes la representaban vuelven en ambulancia y con la frente marchita. Les prometieron que el trabajo duro y el esfuerzo de separarse de sus familias y de su pueblo tendrían recompensa. Nos prometieron que en las tripas de las grandes urbes yacía el dorado: una vida más mansa, con espacio y oportunidades para todos. Una vida posible: con ocho horas de fábrica, y médico, y escuela, y universidades, y más trabajo…
Existe en la sierra de Segura un museo que rememora la vida y oficios de antaño, el Museo del Alma Serrana. Cuando uno lo visita, no tarda en darse cuenta de lo ardua que era, años atrás, la mera tarea de vivir. Y, sin embargo, ahora resulta inevitable preguntarse si erramos no tratando de progresar en nuestros lugares de origen, valiéndonos de nuestra sapiencia y de nuestras posibilidades.
Estamos en agosto. En las terrazas nos abrazamos los que decidimos permanecer aquí y los que llegan a pasar el verano; a ambos nos sobra perjurar que nos hemos echado de menos. Ellos se van; no les queda más remedio: la crisis no ha dejado un palmo de tierra sin veneno. Sólo espero que los que nos quedamos, los que aún no nos hemos ido, hayamos aprendido que no debemos aceptar la golosina de cualquier pendejo.  


(Publicado en el Diario Jaén el 15 de agosto)

jueves, 18 de julio de 2013

UN CUENTO DE INVIERNO

Ahora, que aún tenemos casi seis meses por delante para alimentar el olvido, se puede contar: los reyes magos no sólo vienen de Oriente y no son sólo tres. Yo conozco a uno que vive en la Matea, una pequeña aldea a pocos kilómetros de Santiago de la Espada. Ni Gaspar, ni Melchor, ni Baltasar. Este rey se llama Raimundo. Y no viaja a lomos de un camello, ni trasporta oro, incienso o mirra. Raimundo conduce una furgoneta cargada de pan.
Durante estos meses de verano, o incluso ya desde mayo, mes en el que los antiguos moradores de la sierra abandonan sus actuales residencias (Orcera, La Puerta de Segura, Arroyo del Ojanco, Valencia, Castellón, Cataluña…) y regresan a sus lugares de origen para poner en marcha el hortal, no resulta raro ver a distintos recoveros, con verdaderos hipermercados sobre cuatro ruedas, recorriendo las aldeas y las cortijadas repartidas por el valle del río Madera. Entonces sí compensa el gasto de gasolina y de tiempo; ya no es sólo un puñado de locos el que trata de subsistir en esta tierra. Comprendo a estos vendedores ambulantes: el trabajo se concibió para recibir un beneficio a cambio, y se antoja imposible que puedan obtenerlo con tan escasa clientela.
Sabed que si algún día venís a cocinar un arroz a cualquiera de las áreas recreativas esparcidas por esta zona del parque (los Negros, la Morringa, la Toba) y se os olvida el arroz, la sal, deberéis desandar camino durante casi una hora de coche, pues no existe una sola tienda de ultramarinos.
Es en este punto cuando nuestro panadero acopia importancia y todos los que duermen las noches de invierno en la sierra le apartan el gorro de la cabeza para colocarle una corona…

Mediados de febrero. Nieva y arrea el viento. Arranca otro martes con varios grados bajo cero. Hace días que apenas pasan coches; días en los que acaso, y con suerte, te cruzas con algún vecino. Otra vez te dices que el estado en el que se encuentra la carretera, con casi un palmo de nieve, te dejará sin pan. Todavía así, te acercas hasta la plazuela de la Venta Rampias; lugar de encuentro. Al rato, suena un claxon… Es Raimundo, nuestro rey, que se abre paso para vender algunas docenas de panes y para puntualizar que la vida, pese a todo, también puede ser maravillosa.     
(La historia da para mucho más; el espacio que me prestan en el periódico, no)

miércoles, 3 de julio de 2013

LA SIERRA SEGURA

Coger el coche un día cualquiera y dejarte caer desde Segura de la Sierra hasta las Juntas de Miller, y ahí girar a derechas, hasta Santiago de la Espada, atravesando el sobrecogedor cañón del río Zumeta, conforma un maravilloso y sin igual paseo con la soledad. Puede que en esa inmensidad de tierra no habiten doscientas personas; puede, incluso, que durante los meses de invierno no vivan siquiera cien. La carretera está mal. Y lo seguirá estando. Comprensible, atendiendo a las circunstancias económicas del país. Otra cosa sería preguntarnos por qué siempre ha estado mal y por qué nunca se han cubierto convenientemente los veinte o treinta baches con los que te tropiezas cada veinte o treinta kilómetros.
Sitúo a quienes aún no lo hayan hecho. Nos encontramos dentro del parque natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, el espacio protegido más grande de España y segundo de Europa: un tesoro que se alimenta del agua que cae del cielo, que no pide nada y que necesita poco, acaso protegerse de nosotros.
El final del otoño, el invierno y la primavera han resultado espectaculares: agua a mansalva, que ha propiciado el surgimiento de riachuelos y jordanas en cada una de las laderas, cascadas en cientos de precipicios, y ríos bravos, vivos, insultantemente vivos. Su aspecto actual abruma: no existe una sola tonalidad de verde que no se pueda encontrar, no caben más flores, y el manto que configuran el tomillo, la mejorana, la ajedrea, el  espliego, los helechos… le otorgan un aspecto que llega a parecer selvático. No cabe duda: estamos hablando de uno de los espacios más únicos del mundo.  
Si el miedo es un antepasado de la prudencia, pretendo ser prudente; si entre ellos no existe parentesco alguno, soy miedoso. ¿Qué va a ocurrir este anhelado verano, cuándo el verdor se torne en amarillo y a esos doscientos habitantes haya que sumarles la visita de miles de turistas? ¿Es cierto el recorte en la partida para prevención de incendios?
La escasa población del parque ayuda a silenciar los distintos problemas que acoge; y la tierra, las montañas, los árboles y los animales que lo habitan, aún no han aprendido a gritar. Todo parece indicar que se trata de una víctima fácil de la crisis que sufrimos. De hecho, este mismo invierno ya se ha notado cierta desatención, en lo que respecta a la funcionabilidad de las máquinas quitanieves, dejando, durante varios días, a alguna familia aislada. Y el año pasado, en algunas de las casetas de vigilancia el turno de noche ya había sido desmantelado.
El mayor éxito de un espacio como el que nos ocupa es que permanezca inalterable, bajo el único amparo del paso de las estaciones, del paso del tiempo. Conocemos las consecuencias de un incendio, el periodo que requiere la madre naturaleza para restablecerse. Nosotros saldremos de esta crisis en dos, tres, cinco, tal vez diez años. ¿Cuántos años deberíamos esperar para volver a disfrutar de este presente, si se sucediera lo peor?
No desahuciemos el bien más preciado que tenemos. No olvidemos que se trata del suelo que pisamos. 

jueves, 20 de junio de 2013

LAS NOCHES ETERNAS

Vendrá una noche en la que duerma con la acidez de tu piel en la punta de mi lengua, respirando a apenas un centímetro de tu nuca, temblando abrazado a ti, todavía con el falo semi erecto, colocado cuidadosamente entre tus nalgas. Y vendrá otra noche en la que duerma con tu cuerpo sobre el mío, mientras lames fatigosa mi cuello, mi barbilla y los lóbulos de mis orejas; una noche en la que alguno de los dos interrumpiremos el sueño del otro con pequeños mordiscos en el cuello, en la barbilla y en los lóbulos de las orejas; y en la que volveré a dormirme con tu cuerpo enlazado al mío, tomándote las manos, tranquilo, como en un paraíso. Y después de algunas noches como ésta, vendrá otra en la que desearé dormir solo. Y tras esa, que se irá repitiendo cada vez con una frecuencia más corta, vendrá una noche eterna, en la que ya no querré dormir contigo.
Al cabo de algunos meses o de algunos años —puede que diez o quince—, conoceré a otra persona: alguien que me recordará que antes de encerrarnos en casa, tú y yo también formábamos parte del mundo; entonces me vendrán a la cabeza las noches en las que aún debía de presumir los secretos de los que me has hecho partícipe; echaré en falta esa sensación, esa vida, ¡la vida!; y pensaré en esa otra persona como en el cáliz de mi resurrección. Intentaré acostarme con ella; si lo consigo o no ya no cuenta; el delito es el mismo: acuchillar a un ser humano que ya está muerto, a ti.
Y volveré a naufragar. Lo haré sin duda; la fuerza del paso del tiempo abrirá un boquete en el casco y todo se inundará de nuevo. Pero, en el momento más álgido del castigo, con la mente zozobrando contra el acabose, veré una luz parpadeando a lo lejos; entonces, como una víctima de la publicidad subliminal, me repondré de pronto y, sirviéndome del antepenúltimo impulso, remaré con todas mis fuerzas hacia un nuevo y maravilloso fracaso… ¡La vida!