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jueves, 22 de mayo de 2014

FRAILES, LA LUZ DE 'MAIQUEL'

Hace unos días cayó en mis manos La fábrica de la luz, de Michael Jacobs, un libro en el que un inglés, nacido en Italia, relata su enamoramiento con Frailes y con la Sierra Sur. Lo primero que pensé, conforme iba pasando páginas, fue lo contradictorio que resultaba ver como los escritores  de más renombre de nuestra provincia se decidían por Madrid o Sevilla para establecer sus lugares de residencia, mientras que un escritor inglés y cosmopolita se decantaba por Frailes. Al principio, iluso de mí, me dije que igual éstos se habían marchado de Andújar y de Úbeda antes de explorar el resto de paraísos que encierran nuestras tierras; luego, claro, caí en la cuenta de la Magina inventada por Antonio Muñoz Molina, y en el Cuaderno de viaje de Salvador Compán, y en los muchos y exquisitos libros en los que Juan Eslava Galán nos ayuda a comprendernos. Y no pude más que llamarme estúpido y continuar leyendo, sin atender a las infinitas circunstancias que conducen a un hombre a vivir en una u otra parte del mundo.

Al contrario que Chris Stewart, en su libro Entre limones, Michael Jacobs no centra el argumento de La fábrica de la luz en las peripecias que sufre para establecerse en Frailes. Esas anécdotas, que las hay, quedan solapadas por la idiosincrasia de la gente con las que se va encontrando; y saca a la palestra a personajes inigualables, soberbios, los verdaderos culpables de que el escritor comience a alargar cada vez más sus estancias allí y advierta cualquier otro paisaje o cualquier otro país como impropio.

No necesitamos leer las narraciones de un foráneo para sentirnos orgullosos de lo que somos y de cómo somos. Pero es innegable que la perspectiva mágica desde la que nos describe Jacobs logra traspasar el alma.

Michael ha fallecido. Y ha sido su última voluntad que sus cenizas sean esparcidas en la Sierra Sur. Tal vez para asegurarse de que no se apaga del todo la luz.


Gracias, Merce, por la dedicatoria y por convencer a ‘Maiquel’ de que Frailes, tu pueblo, es el pueblo más bonito del mundo. Y gracias, Blas Prieto, por este regalo y por muchas cosas más.